Esas bolsas negras repletas de objetos que aún no me animo a erradicar, o clasificar, o esconder, o apartar, o acomodar, me dicen cada noche lo que soy. Y lo que soy no es exactamente lo que quisiera ser. Sin embargo, cada noche las bolsas me lo dicen, yo las escucho, me quedo mirándolas un rato y después apago la luz.