llena de luz
Lo que quedó en el balde: el rencor, la soberbia, el reclamo, la desconfianza, lo que no funcionó como quería, la obstinación de insistir sabiendo que voy a perder. Como un jugador compulsivo. Como un adicto.
Y les dije adiós a tres personas que quise mucho y no pudieron corresponderme. Una despedida tranquila. Sin reproches, con agradecimiento por haberme hecho sentir sensaciones hermosas.
En diciembre voy a tomar una wachuma. No quiero olvidarme nunca más del amor que merezco, del que tengo para dar.
Volví a creer que es posible.