y hasta me dejaron cantar "Juguetes perdidos" con paciencia de santos
¿Será de todas, ésta, la jugada más difícil, retorcida y patológica; o de tan inverosímil y poco ubicua que es, resulte como la más natural y simple del mundo —la recompensa por habernos hecho nacer sin nuestro consentimiento—, y nadie nos joda y podamos no joderla por siempre jamás?